El cielo antes que el suelo
Nací en San Juan del Río, Querétaro, en una familia con historia en el estado: soy descendiente de Saturnino Osornio, quien fuera gobernador de Querétaro.
Pero mi vida no empezó en los libros de historia, sino a cuatro mil metros de altura. Entré al Ejército Mexicano y me formé como paracaidista militar hasta llegar a subteniente e instructora. Fui de las pocas mujeres en un mundo de hombres, y me gané el lugar saltando.
Competí en salto de precisión y llegué a ser campeona nacional y campeona panamericana. Volar era mi manera de estar viva. Nunca imaginé que también sería la manera en que la vida me pondría a prueba.
1984: el salto que cambió todo
En 1984, durante un salto, mi paracaídas no abrió. El golpe me dejó cuadripléjica: de un día para otro pasé de instruir a soldados a no poder mover mi propio cuerpo.
Vinieron tres años que describo como estar «muerta en vida». No es una metáfora bonita. Fue rabia, depresión, silencio, y la certeza absoluta de que nada volvería a tener sentido. Si hoy puedo hablar de esto con calma es porque lo atravesé completo, sin atajos.
«Perderlo todo no me hizo fuerte. Me hizo honesta. La fuerza vino después, y vino acompañada.»
Lo que me devolvió la terapia
Dos terapeutas fueron determinantes en mi recuperación: Martha Díaz Bolio y Marcela Musi. No me dieron discursos de superación. Se sentaron conmigo, semana tras semana, mientras yo no tenía nada bueno que decir.
A través de un trabajo terapéutico intenso —y de la meditación y la fe, que también fueron parte del camino— el dolor dejó de ser una condena y se volvió material de trabajo. Ahí entendí algo que hoy es el centro de mi práctica: nadie sana solo, pero todos podemos sanar.
Esa experiencia me llevó a estudiar para convertirme en psicoterapeuta. No para «devolver el favor», sino porque descubrí que sé estar en el lugar donde otros se están rompiendo, sin salir corriendo.
FHADI: la fundación, 1997
En 1997, junto con otras personas, fundé la Fundación Humanista de Ayuda a Discapacitados I.A.P. (FHADI). La idea era simple y urgente: que quien quedara en una situación como la mía no tuviera que averiguarlo todo solo.
FHADI se volvió un refugio para personas con cuadriplejia, paraplejia y hemiplejia. No solo apoyo material: acompañamiento emocional, orientación y una comunidad. La discapacidad puede ser parte de tu vida sin ser toda tu vida.
En 2007 me retiré de la dirección general para cuidar de mi salud, pero el trabajo continuó. Hoy replico ese mismo espíritu desde mi propia casa en Galindo, donde dirijo un grupo de personas en circunstancias similares.
Mi consultorio hoy
Atiendo terapia individual, terapia de pareja y terapia familiar desde mi consultorio en Villas de Galindo, San Juan del Río, y también en línea para quien no puede trasladarse.
Llegan personas de San Juan del Río, Tequisquiapan, Amealco, Pedro Escobedo, Ezequiel Montes y la ciudad de Querétaro. Algunas por una crisis; otras porque quieren dejar de vivir en automático.
Mi enfoque es humanista. Eso significa que no te voy a decir quién debes ser: voy a ayudarte a escuchar quién ya eres y qué necesitas cambiar para vivir con menos peso.
Del libro a la pantalla grande
Escribí «Salto de amor por la vida», publicado por la editorial DEMAC, y después «Huellas sin pasos, camino de fe». Mi testimonio también apareció en la antología «Catorce estampas de mujeres mexicanas».
El director Raúl P. Gámez y la actriz Lorena Enríquez encontraron ese libro y decidieron llevarlo al cine. La película «Salto a la Vida», protagonizada por Lorena Enríquez junto a Andrés Puente Jr., se estrenó en salas de todo México el 15 de septiembre de 2022.
También compartí mi historia en la charla «Huellas sin paso» de TEDxJuriquilla.